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May12

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Caché, el pasado que siempre vuelve

Categorías: Cine, Críticas | Editor: admin

Lo confieso, Caché ha sido mi segunda incursión en el complejo mundo cinematográfico de Michael Haneke. Mi primera vez con él fue gracias al remake americano que hizo de su propia película, la perversa e impactante Funny Games. Por entonces, además del comprensible mal cuerpo, me dejó pensando en la razón por la cual Haneke nos mostraba algo tan cruel. Ahora que he podido ver Caché, creo que empiezo a entenderlo; es el sello de Michael Haneke. El director austriaco es conocido por su estilo sombrío y turbador, algo que no deja indiferente a nadie, ya sea para bien o para mal. Sus películas tratan problemas de la sociedad moderna, y suelen causar controversia. En 2005, Caché fue la gran triunfadora en el Festival de Cine de Cannes, con cinco galardones, entre ellos los de mejor película y mejor director. En 2009, obtuvo la Palma de Oro en la 62ª edición del Festival de Cannes por su último trabajo, La Cinta Blanca.

Caché nos muestra a Georges, un presentador con una vida acomodada al lado de su mujer y su hijo adolescente. Un día, sin razón aparente empieza a recibir unos paquetes anónimos que contienen cintas de vídeo grabadas desde la calle. No sabe quién los envía, sin embargo, las secuencias que aparecen en las cintas se hacen cada vez más personales, lo que sugiere que el remitente le conoce desde hace algún tiempo.

Nunca antes había experimentado la sensación que despiertan en mi sus películas, con unos finales llenos de desasosiego que consiguen estimular mi interés  por descubrir las respuestas a las preguntas que formula. Y eso se traduce en buscar en internet las diferentes interpretaciones que hace el espectador sobre la película. Muchas veces no consigo sacar nada en claro, como me ha pasado con Caché. Describiría sus películas como puzles. El problema es que el espectador en ningún momento consigue ver el puzle completado. Haneke va soltando las piezas a lo largo de la película  y el espectador se pasa las horas de metraje intentando encajarlas, con el problema de que nunca consigue completar el puzle y tiene que acabar visualizando una imagen subjetiva.

Mi siguiente adquisición de su filmografía será El Video de Benny, catalogada como extremadamente dura, pero hasta entonces voy a comentar mi interpretación sobre Caché, la cual clasificaría como impactante y mareante, capaz de hacer dudar al espectador de si está ante un bodrio y una tomadura de pelo o ante una nueva y brillante manera de hacer cine. Los que no hayáis visto Caché y tengáis pensado hacerlo no sigáis leyendo a partir del salto.

SPOILERS. Ninguno de los personajes que conocemos a lo largo del metraje está detrás de las cintas. Detrás de esa cámara de planos estáticos se encuentra como todos sabemos, el director, es decir, Haneke. En está ocasión se convierte en un protagonista más, como si se tratase de una voz en off que en vez de contarnos la historia, nos la muestra. ¿Y qué es lo que nos muestra? Nos quiere demostrar que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Haneke, jugando a ser una especie de “Dios creador”, pone a prueba a Georges (Daniel Auteuil), su personaje principal, y demuestra que sigue siendo una persona con miedos humanos, que aún sabiendo que no hizo bien, no es capaz de aprender nada y si se le vuelve a poner al límite, vuelve a cometer los mismos errores. Georges conoce el significado del arrepentimiento pero no lo practica, quizás debido a su innegable miedo. Cuando era niño fue el miedo a perder los privilegios a los que estaba acostumbrado, miedo a perder su posición ante su familia, miedo a convertirse en una figura secundaria. Ya de adulto, la situación vuelve a repetirse, donde salen a la luz los mismos miedos, en este caso, miedo a perder un empleo en el que es el absoluto protagonista, miedo a perder a s mujer (Juliette Binoche), miedo a lo que tanto le ha costado construir, miedo, miedo, miedo…

Al fin y al cabo ¿cuál es el sentimiento que consigue sacar lo peor de nosotros? La sociedad está preparada para perdonar a un niño que tal vez no sabía el daño que iba a ocasionar con sus actos pero que pasa si vemos que ese mismo niño, una vez convertido en adulto, vuelve a cometer los mismos errores y hace el mismo daño a la misma persona. ¿Es que no aprendió nada? ¿De verdad cuesta tanto pedir perdón? Quizás los remordimientos de nuestro personaje no eran tan grandes como los espectadores queremos creer, quizás ni siquiera los tenia. Y eso es lo que quiere mostrarnos la cámara estática. De ahí la similitud de nuestro personaje cortando el cuello a la gallina (de niño) y años más tarde consiguiendo que un hombre se sienta tan deprimido que se suicide cortándose el cuello (de adulto).

El plano final, en el que podemos ver al hijo de la víctima y al del verdugo charlando tranquilamente a la salida del colegio, es una bofetada a todo lo que nos ha enseñado, lanzando un mensaje de esperanza sobre nuestra civilización. FIN DE SPOILER.

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