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Sep30

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El árbol de la vida. Poesía hecha cine.

Categorías: Cine, Críticas | Editor: Miguel Barros

Experiencia. Experiencia lírica y conmovedora, El árbol de la vida no se puede interpretar como una trama ordinaria o una serie de acontecimientos concretos, pues estamos contemplando la historia en si misma. Nuestra historia. Nuestros sentimientos, pensamientos, sensaciones y dudas que nos acompañan a lo largo de la vida como seres humanos.

Aún siendo conocedores de la obra del director Terrence Malick y de su más que extenso conocimiento del lenguaje cinematográfico a la hora de regalarnos imágenes tan metafóricas como bellas, hay que decir que lo que aquí nos presenta es extraordinario, casi inabordable. Nos ofrece una comparación entre las sensaciones que un niño experimenta por primera vez y la evolución de nuestro planeta. Buscando la conexión con el espectador, quien se identifica con el joven, pues, como ser humano que es, ya ha sentido lo que él. La diferencia entre el bien y el mal, la duda ante el relativismo de lo correcto y lo incorrecto, la conciencia sobre la muerte, el amor, el remordimiento, el miedo…

Brad Pitt cumple con creces su cometido de encarnar a un padre estricto que, aunque movido por el amor hacia sus hijos, se deja llevar por sus emociones y creencias, lo que le lleva a tomar decisiones equivocadas y a contradecirse. Un reflejo de la imperfección humana. Mención aparte merece la actriz Jessica Chastain, quien en su papel de madre  y solo con su mirada, nos transmite todo sentimiento que su personaje expresa hacia los niños, y, por extensión, a nosotros. Nos protege, nos alegra, nos entristece, nos comprende.

Sean Penn aparece poco tiempo en pantalla dejándonos con ganas de más, aunque su personaje cobra fuerza al final de la cinta. Interpreta a nuestro chico en otro momento de su vida, a una edad mucho más avanzada. Las preguntas que su conciencia se hace ahora son relativas al destino, al final, a las ramas más altas de este árbol lleno de incógnitas.

Malick nos invita a la reflexión, su propuesta es valiente y muy personal. No hace concesiones, y ahí es donde reside su encanto. Mediante espectaculares imágenes alegóricas acompasadas por una banda sonora inspiradora, deja claro (para algunos) que no importan las creencias del individuo y que lo relevante está en la búsqueda de esa bondad interior, que poseemos por nacimiento y va desapareciendo con la edad, disolviéndose en un mar de preguntas sin respuesta.

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