FunKube Magazine
  • Breaking Bad
  • Ago18

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    Llegó el día “Breaking Bad” y aunque me pilló de vacaciones, no me pude aguantar y utilice mis recursos para poder disfrutar de Blood Money, el noveno capítulo de la esperada segunda parte de la quinta temporada. Cómo el que avisa no es traidor, los que vayáis atrasados con la serie…no sigáis leyendo.

    Después de que nos dejaran a Hank haciendo de vientre en el baño de Heisenberg Walt durante varios mesescon cara de haberse enterado de todo el pastel- es ahora cuando nos confirman que sí, que Hank no es que sospeche de su cuñado, sino que está totalmente seguro de que está ante el Heisenberg del sombrero y bigote. Pero no corramos y empecemos por el principio.

    La casa de los White está abandonada. Chavales del barrio practican skate en la piscina ahora vacía y es entonces cuando vemos a Walt entrar en ella. Somos conscientes de que estamos en el futuro por el estado de la casa, el aspecto físico de nuestro protagonista –ahora con pelo y barba- y las pintadas en las paredes. Y es aquí cuando llega la primera apertura bucal. Lo ve él, lo vemos nosotros y lo sabe todo el mundo. La pintada con el nombre HEISENBERG en la pared del salón nos hace ver que le han pillado con el carrito del helado.

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    ¡Pequeño Vince Gilligan, cómo nos haces sufrir pequeño cabroncete! Y es que cuando todavía estamos asimilando lo de las pintadas, llega nuestro ex profesor de química y se saca un tubito de ricino de detrás de un enchufe.  Y para terminar, y como regalito final, vemos el saludo a su vecina Carol,  quien mira a su vecino aterrorizada, hasta tal punto que se le caen las bolsas de la compra. Empieza la sintonía y se me agolpan las preguntas. ¿Para quién es la ricina? ¿Qué ha pasado en la residencia White? ¿Dónde está el resto de la familia? ¿Quién ha hecho las pintadas? ¿Por qué la vecina le tiene tanto miedo? Si le han pillado, ¿qué hace en la calle? ¿Tiene pelo porque se ha curado del cáncer o está en fase terminal?

    Volvemos al presente. Hank lo sabe. Casi le sale pelo del susto. El libro que Gale dedico a Walt con un “To my other WW” es la clave. Sale del baño y observa a su cuñado a través de las cortinas cual Anthony Perkins en Psicosis: un hombre feliz, relajado y sonriente. Nuestro poli favorito decide poner una excusa –la típica mala gana- y largarse a casa mientras sufre lo que parece un “infartobajadadetensiónansiedad”, que acaba siendo un ataque de pánico en toda regla.

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    Pero nuestro Walt ha cambiado y ya no es el mafioso que era (¡y un cojon!), y ahora se dedica a tiempo completo a su negocio de autolavado de coches, donde da la imagen de jefe y padre de familia ejemplar. Por suerte o por desgracia, el único que parece tener conciencia es su ex socio Jesse, que parece estar en un estado catatónico. Mientras sus drolegas (colegas de drogas) desvarian a su alrededor sobre  un supuesto guión de Star Trek que están preparando, él no pestañea, no se mueve, no habla, sigue anclado en el pasado. No quiere el dinero que recibieron por sus últimos negocios, alegando que está manchado de sangre. Acude a Saul pidiendo que reparta el dinero a los familiares del niño muerto en el desierto y a la nieta de Mike, pero el abogado no lo ve bien y avisa al “boss”.

    Hace un tiempo hable con unos amigos seguidores de la serie, sobre la capacidad que tenía Walter para hacerme sentir compasión por él. Cada cosa que ha hecho ha sido peor que la anterior y aun así, no ha sido hasta ver mal a Jesse cuando lo he visto claro. Walt se merece un final doloroso. Ya no queda nada del profesor que conocimos en las primeras temporadas, la evolución ha terminado y ahora es un ser despreciable, sin escrúpulos, sin sentimientos, sin conciencia, frio y calculador, dispuesto a llevarse por delante a quien haga falta con tal de salvar su propio culo. Pero Jesse no es tonto –aunque en el doblaje en castellano lo parezca- y hace tiempo que se ha percatado de la esencia de su ex socio. Y si no ojito con la mirada de Pinkman, cuando Heisenberg le intenta convencer de que no entregue su dinero porque Mike sigue vivo. Piel de gallina.

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    Pero todo lo contado no es más que un cuento infantil al lado del momentazo que nos ha dejado el final del capítulo. Ese momento que no esperábamos aun y  que llega… ¡y de qué manera! Nada de buen rollo y tonterías, cuñado contra cuñado y las cosas a la carita. Escalofríos tras ver que Hank empieza a bajar la puerta del garaje con ellos dentro, eso sí,  estamos ante la puerta que mas tarda en bajar de todo EEUU. Pero Hank es mucho Hank y tras propinar un puñetazo más que merecido a Walt, somos testigos del top 1 de los momentos más tensos. Hank le dice que no le reconoce, que no sabe con quién está hablando y Walt no tarda en amenazarlo. Ya no existe dentro de él ningún tipo de compasión y somos testigos  de cómo le  planta cara a su cuñado sin siquiera pestañear.

    La próxima semana más, pero mientras esperamos, os dejo la animación que se han currado sobre el monologo sobre Star Trek que tienen los amigos de Jesse en el capitulo, y que tanto ha gustado.

  • Oct10

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    Que Breaking Bad me gusta  es evidente pero después de cuatro temporadas siguiendo a Walter y compañía voy a ir más allá; es la mejor serie que he visto en mucho tiempo…sin olvidarme de Lost y la cuarta temporada de Dexter.

    Aún recuerdo la pereza que me producía ver esta serie, quizás por un argumento que no llamaba mi atención o quizás por la amplia lista de series a la que ya estaba “subscrita”. Sin apenas darme cuenta y a pesar de mi pereza inicial accedí a ver el episodio piloto y ahí comenzó una pequeña adicción que fue creciendo con el paso de los capítulos.

    Si no habéis tenido oportunidad de ver Breaking Bad, contaros que la historia se centra en Walter White, un profesor de instituto y padre de familia que, tras cumplir 50 años descubre que tiene  un cáncer de pulmón terminal, lo que le lleva a quebrantar la ley e instalar un laboratorio de metanfetamina  con su antiguo estudiante Jesse Pinkman para así asegurar el bienestar económico de su familia cuando él ya no esté.

    No hace falta visionar demasiados capítulos para darse cuenta de la calidad interpretativa de nuestro personaje principal, Bryan Cranston,  ganador durante tres años consecutivos del Emy a mejor actor en serie dramática. Su transformación a lo largo de la serie, tanto física como psicológica es brutal. Su compañero de “laboratorio”, Aaron Paul, quien también ha ganado unos cuantos premios por su papel de Jesse Pinkman, tampoco se queda atrás y una vez conocido su personaje resulta difícil imaginarse al actor en otro tipo de papel.

    Aunque el papel de los actores – ni que hablar de los grandísimos secundarios- es un punto a favor para la serie, existe algo que debe recalcarse sobre todas las cosas; el guion. En los comienzos, la serie me recordaba en cierto modo a Dexter y su constante juego del gato y el ratón pero a diferencia de ésta, Breaking Bad es más dura y cruel (aunque todavía me acuerdo de Rita).  Se trata de un drama en el que las cosas no tienden a mejorar, sino todo lo contrario, cada vez se enredan más.  Pero no importa porque cuando parece que la angustia se apodera de nosotros los espectadores, entonces ocurre algo ridículo y muy cómico y eso hace que captes la verdadera esencia de la serie. Al fin y al cabo nuestro personaje es un profesor jugando a ser narcotraficante, así que no se puede esperar la perfección precisamente. Los giros de guión están a la orden del día pero con el paso de las temporadas uno se da cuenta de la inteligencia de los guionistas y en cómo éstos juegan con el espectador, sorprendiéndonos constantemente pero dejando  claro que ellos ya tenían todo preparado desde el episodio piloto.

    A partir de ahora sólo se permite seguir a aquellos espectadores que ya han podido disfrutar del final de la cuarta temporada de Breaking Bad, emitida ayer en las Américas y disponible hoy para quienes la disfrutan en versión original. Brillante, espectacular, inesperada, emotiva, tensa…se me ocurren muchos adjetivos para calificar el último capítulo, titulado Face Off.

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  • Ago28

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    Me gusta la sensación que se siente cuando descubres una serie interesante sin buscarlo ni esperarlo. Eso es lo que me ha pasado con Breaking Bad. Mientras espero a que mi multitud de series americanas vuelvan a la parrilla televisiva y tras pasar por la época de negarme a ver algo nuevo, he accedido a hacer una excepción con una serie que de principio me motivaba más bien poco.

    Pero como todo en la vida, a veces te llevas sorpresas y acabas descubriendo una serie que te invita a seguir viéndola y como no, vuelves a sentir que no sólo te vas a enganchar a ella sino que lo pasaras mal cuando haya los famosos parones americanos (noviembre, febrero y mayo) y qué decir de los finales de temporada…Quizás sea pronto para calificar Breaking Bad dado que acabo de comenzar a verla y actualmente en EEUU ya van por la cuarta temporada pero puedo decir que su primer episodio me ha convencido.

    Breaking Bad nos muestra la historia de Walter White (Bryan Cranston), un frustrado profesor de química que tras cumplir cincuenta años  descubre que tiene un cáncer de pulmón incurable. Casado con Skyler (Anna Gunn) y con un hijo adolescente con problemas mentales (RJ Mitte), la brutal noticia llevará a Walter a dar un drástico cambio en su vida y fabricar, con ayuda de un antiguo alumno, droga para venderla.  ¿Por qué comienza a fabricar droga? ¿Cuál es su verdadero propósito? Para dar respuesta a esas y otras preguntas tendréis que empezar a ver la serie.

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