Que Breaking Bad me gusta es evidente pero después de cuatro temporadas siguiendo a Walter y compañía voy a ir más allá; es la mejor serie que he visto en mucho tiempo…sin olvidarme de Lost y la cuarta temporada de Dexter.
Aún recuerdo la pereza que me producía ver esta serie, quizás por un argumento que no llamaba mi atención o quizás por la amplia lista de series a la que ya estaba “subscrita”. Sin apenas darme cuenta y a pesar de mi pereza inicial accedí a ver el episodio piloto y ahí comenzó una pequeña adicción que fue creciendo con el paso de los capítulos.
Si no habéis tenido oportunidad de ver Breaking Bad, contaros que la historia se centra en Walter White, un profesor de instituto y padre de familia que, tras cumplir 50 años descubre que tiene un cáncer de pulmón terminal, lo que le lleva a quebrantar la ley e instalar un laboratorio de metanfetamina con su antiguo estudiante Jesse Pinkman para así asegurar el bienestar económico de su familia cuando él ya no esté.
No hace falta visionar demasiados capítulos para darse cuenta de la calidad interpretativa de nuestro personaje principal, Bryan Cranston, ganador durante tres años consecutivos del Emy a mejor actor en serie dramática. Su transformación a lo largo de la serie, tanto física como psicológica es brutal. Su compañero de “laboratorio”, Aaron Paul, quien también ha ganado unos cuantos premios por su papel de Jesse Pinkman, tampoco se queda atrás y una vez conocido su personaje resulta difícil imaginarse al actor en otro tipo de papel.
Aunque el papel de los actores – ni que hablar de los grandísimos secundarios- es un punto a favor para la serie, existe algo que debe recalcarse sobre todas las cosas; el guion. En los comienzos, la serie me recordaba en cierto modo a Dexter y su constante juego del gato y el ratón pero a diferencia de ésta, Breaking Bad es más dura y cruel (aunque todavía me acuerdo de Rita). Se trata de un drama en el que las cosas no tienden a mejorar, sino todo lo contrario, cada vez se enredan más. Pero no importa porque cuando parece que la angustia se apodera de nosotros los espectadores, entonces ocurre algo ridículo y muy cómico y eso hace que captes la verdadera esencia de la serie. Al fin y al cabo nuestro personaje es un profesor jugando a ser narcotraficante, así que no se puede esperar la perfección precisamente. Los giros de guión están a la orden del día pero con el paso de las temporadas uno se da cuenta de la inteligencia de los guionistas y en cómo éstos juegan con el espectador, sorprendiéndonos constantemente pero dejando claro que ellos ya tenían todo preparado desde el episodio piloto.
A partir de ahora sólo se permite seguir a aquellos espectadores que ya han podido disfrutar del final de la cuarta temporada de Breaking Bad, emitida ayer en las Américas y disponible hoy para quienes la disfrutan en versión original. Brillante, espectacular, inesperada, emotiva, tensa…se me ocurren muchos adjetivos para calificar el último capítulo, titulado Face Off.




